El mensaje de Amor de la Virgen María.
Acto I de un cuento erótico sobre un temas religioso.




"Te saludo Marie llena de gracia"
"el Señor está con ti "
"Se bendecida entre todas las mujeres "
"Soy el fruto de tus vísceras "


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(El pleno disfrute de este momento de éxtasis sexual es condicional al cargamento completo de las imágenes y sonidos.)



Esta mañana lo mísmo que todas las mañanas, rehacía el trayecto entre la casa familiar y la iglesia. Una vez más, había sucumbido a los llantos de mi madre. Sin embargo, me habría gustado probar, algunos minutos suplementarios, a la suave voluptuosidad de mis sueños fabricados, pero debía oficiar a la misa, víctima de la moral abusiva de mi tender madre. No me atrevía a no ir más allá de esta fina rebelión y sucumbía siempre como a sus llantos, que ella sabía utilizar a sabiendas como vulgares instrumentos de chantaje.




Hinchaba con precipitación la sotana negra y el sobrepelliz ridículo que lo adornaba, intentando calmar la impaciencia del Sr. vicario, que lo esperaba desde hace varios minutos con un aire inquisidor.




Luego procedía mecánicamente a los distintos rituales de la misa, activando la campanilla, levantando la casulla del celebrante, volviendo a las páginas del misal hieroglífico, respondiendo a las interpelaciones latinas, haciendo mina de devoción, pero sumergirme todaviá en los blandos sueños parados de manera improvisación por mi madre; mi madre que se habría muerto de dolor que debe descubrirse el lubricidad precoz que adornaba mis sueños de joven hombre en gestación.

El momento de la comunión constituía para mi, el tiempo de recreación de este misterioso ritual eucharistico del que no comprendía aún toda la lógica.





Esta mañana, lo mísmo que todas las mañanas, exploraba las bocas extrañas de los feligreses de St-Félicien, más devotos que se presentaban allí todas las mañanas que acompañaban a mi madre; y los nuevos, los supervivientes o los extraviados que veía arrodillados por la primera vez, sobre el escalón de la barandilla de la Santa Comunión; tenía placer a fantasear, a inventarme de los suplicios por hacerles sufrir, líquidos o condimentos exóticos para equivocar sus esperas gustativas.

Presentaba el "plateado eucharistía" bajo su barbilla que recogía al paso las migas de la hostia que les ofrecía, sin convicción el Sr. vicario y yo me divertía de las maneras particulares a cada uno de comer, devorar, de lamer el cuerpo del Cristo.




El Sr. vicario se absorbía demasiado a sacar la pequeña hostia del cáliz plateado, no veía la amplia muesca sobre la blusa de la Sra. Gagnon, que dejaba descubrir una negra caverna entre sus senos voluminosos; percibía todos estos detalles, había descartado con travesura el "plateado eucharistía" de la barbilla de la dama y las migas de la hostia se habían dispersado en la cueva que invitaba. Me imaginaba hundir mi pequeña mano viciosa en este cortado misterioso, buscando los restos del cuerpo del Cristo, dispersados sobre la carne humedecida de sudor, colgándose a las papilas prominentes; y mis dedos se agitaban con frenesí en esta guarida secreta que prefería a los restos del Cristo, la búsqueda de los placeres del Infierno.




Luego desviaba los ojos hacia otra aventura, la pequeña Susie. Apenas más joven que yo, niña, dejaba ver bajo su blusa transparente sospechas de pequeños pezones casi imperceptibles.







Me acercaba el "plateado eucharistía" de su barbilla que apoyaba; se desviaba bajo el contacto frío del "plateado eucharistía", me fijaba de un aire asustado de sus dos globos de una asombrosa blancura. La hostia había faltado su pequeña lengua sensual, y se había aplastado inerte sobre la "plateado eucharistía"; su lengua permanecía allí ofrecida en prado.



Habría querido morderla, tragarla, crujirla, yo habría querido triturar sus pequeños pechos nacientes, insertar mi cabeza bajo sus faldas y cerraba los ojos que creían que eso era verdadero. Fantaseaba así sobre las incursiones imaginarias del "plateado eucharistía" fría, que venía chapotear bajo su blusa y bajo su falda, a ver sus reacciones de pequeña animal desconectada pero ingenuamente curiosa. Triunfaba entera, desnudada sus bribón, a lo sumo profundo de mis sueños lúbricos parados repentinamente por los desplazamientos nerviosos del Sr. vicario.



Iniciaba sus primeros jugueteos enamorados ella que no tenía aún la edad.




Marco Polo ou le voyage imaginaire (Contes et légendes, février 1997) © 1997 Jean-Pierre Lapointe
hommage (Botticelli, Perugino, Montegna, Velasquez, Coxcie, Bronzino)
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ACTO II




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